Historia
La universidad, el incendio, los inquilinos y la boleta.
Semana del 5 al 11 de octubre de 2026 · Actualizado el viernes, 9 de octubre de 2026 · Fuente: listado de agendas de Berkeley (en vivo)
Por qué una ciudad de poco más de cien mil habitantes discute sobre todo, y por qué tantas de esas discusiones resultan ser sobre lo mismo: la universidad, y quién puede vivir aquí.
Aquí el orden de los hechos importa más que en casi cualquier otro lado. Un colegio eligió y bautizó el sitio en 1866. La universidad se creó en 1868 y abrió aquí en 1873. El pueblo se incorporó en 1878, una década después de la institución que lo definió.
Berkeley no es entonces una ciudad que adquirió una universidad. Es un pueblo que creció alrededor de una, en un terreno que la universidad ya había escogido. La universidad no paga impuesto predial, no está sujeta a la zonificación municipal y aloja a una población que la ciudad debe planificar y no controla. Casi toda discusión de vivienda tiene ese hecho por debajo, y el litigio por la matrícula que llegó a la legislatura estatal es solo su forma más reciente.
Esta tierra es territorio ohlone, y en concreto Huchiun, territorio de los pueblos de habla chochenyo del este de la bahía, que estuvieron aquí miles de años antes que todo lo demás. El conchal cercano a lo que hoy es Fourth Street tiene unos cinco mil años y está entre los sitios de asentamiento más antiguos conocidos de la bahía.
Bajo el dominio mexicano toda la costa del este de la bahía fue un solo rancho enorme, concedido a Luis María Peralta en 1820 y repartido entre sus hijos en 1842; la parte norte, que es todo el Berkeley moderno, fue para José Domingo Peralta.
Ninguno de esos datos es adorno. Explican por qué se leen reconocimientos de territorio al inicio de las sesiones del Concejo, por qué el conchal volvió a la agenda durante años, y por qué su compra y devolución a la administración indígena en 2024 cuenta como hecho cívico y no solo como una operación inmobiliaria.
El terremoto de 1906 al otro lado de la bahía hizo más por construir Berkeley que cualquier plan: llegaron refugiados en cantidades que convirtieron un pueblo universitario en ciudad en pocos años. El campanario se levantó en 1914.
Luego, en 1923, un viento seco del norte empujó el fuego desde Wildcat Canyon por los barrios arriba del campus y destruyó unas 640 construcciones, 584 de ellas casas, en una tarde. Las casas de tejuela de la ladera que hoy se fotografían son en buena medida lo que se construyó después, y de ahí arranca la preocupación permanente por el fuego en las colinas: se sigue viendo en que las reglas actuales de vivienda intermedia se detienen en la línea de alto riesgo de incendio.
Ese mismo año, y mucho menos recordado, Berkeley adoptó la forma de gobierno concejo-administrador. Esa es la decisión que puso a un administrador municipal profesional al frente de todos los departamentos, y es la razón de que un concejal no pueda ordenar que se tape un bache. Vea la guía.
El trabajo en astilleros y en la industria de guerra de la década de 1940 trajo una gran migración afroamericana al este de la bahía. Transformó el oeste y el sur de Berkeley, formó una comunidad cuyas instituciones aún anclan esos barrios y planteó la cuestión del desplazamiento que el plan del corredor Adeline sigue discutiendo.
El Movimiento por la Libertad de Expresión de 1964 empezó como una disputa sobre si se podían poner mesas políticas en una franja de acera al borde del campus y se convirtió en el modelo de la protesta estudiantil en Estados Unidos. People’s Park siguió en 1969 y se mantuvo como asunto vivo de la política municipal y universitaria durante más de medio siglo, hasta que la Corte Suprema estatal lo resolvió.
En 1968, entre ambos, Berkeley desegregó sus escuelas con transporte escolar en ambos sentidos y sin orden judicial: la primera ciudad de su tamaño del país en hacerlo voluntariamente. Es la parte de la década que menos se menciona y más cambió las cosas.
Y en 1972, a unas cuadras de la plaza, estudiantes con discapacidad que habían sido alojados en un pabellón de hospital fundaron el Centro para la Vida Independiente. Fue el primero del país, operó el primer programa de rampas de acera que existió y de ahí arranca el movimiento moderno por los derechos de las personas con discapacidad. La exportación más conocida de Berkeley en esa década es la protesta; la más copiada es la rampa.
La ordenanza de estabilización de rentas es de 1980, y la decisión de diseño clave fue poner al frente a una junta de rentas electa y no designada. Por eso la política de rentas de esta ciudad no es asunto del Concejo, por eso inquilinos y propietarios hacen campaña por un órgano del que en otras ciudades nadie ha oído hablar, y por eso un asunto sobre su renta no aparecerá en una agenda del Concejo.
Las elecciones del Concejo pasaron de ser por toda la ciudad a ser por distrito en 1986. Es la razón de que este sitio tenga ocho páginas de distrito, y cambió quién puede llevar un asunto a una agenda: un barrio ya no tiene que convencer a una mayoría elegida por toda la ciudad, sino a la persona que ese barrio eligió.
Berkeley pasó esas décadas usando la boleta municipal como instrumento de política pública y no solo para elegir personas. Desinvirtió de la Sudáfrica del apartheid en 1979, primera ciudad del país. Prohibió los envases de poliestireno en 1988. Sustituyó el Día de la Raza por el Día de los Pueblos Indígenas en 1992, otra vez primera. Empezó el reciclaje en la acera en 1973, con una organización sin fines de lucro que aún lo opera.
El electorado aprobó el voto por orden de preferencia en 2004 y la ciudad lo usó en las urnas por primera vez en 2010. Los seis años de diferencia no fueron desidia: la Carta Municipal permite al Concejo adoptar el conteo por preferencias solo si el equipo del condado puede realmente contarlo, si la elección aún puede consolidarse con la del condado y si a la ciudad no le cuesta nada adicional. Las tres condiciones tenían que cumplirse primero. Hoy rige para alcaldía, Concejo y Auditoría; vea Votar.
En 2014 Berkeley se convirtió en la primera ciudad de Estados Unidos en aprobar un impuesto a las bebidas azucaradas: un centavo por onza, cobrado a los distribuidores, y peleado con un gasto de campaña que una medida municipal rara vez atrae.
El capítulo actual es el más viejo con ropa nueva: cuánta vivienda se construye, dónde y quién decide. Tres presiones se encuentran en la misma agenda casi todos los meses. La ley estatal ha sacado buena parte de la autoridad de uso de suelo de manos municipales. La universidad sigue creciendo, y el litigio por la matrícula de 2022 mostró con qué rapidez eso se vuelve una cuestión estatal. Y el riesgo de incendio en las colinas limita dónde puede ir algo.
La ordenanza de vivienda intermedia de 2025 es la señal más clara de dónde quedó todo eso. Los edificios de dos a seis unidades son ahora ministeriales en casi toda la zonificación residencial: se aprueban en treinta días contra una lista de requisitos y no son apelables ante la Junta de Zonificación ni ante el Concejo. Una ciudad famosa por lo largas que son sus audiencias públicas eliminó la audiencia de toda una categoría de vivienda. Piense lo que piense de eso, es el mayor cambio en cómo decide Berkeley desde que llegaron los distritos en 1986.
Esta es la única página del sitio que no se reconstruye desde un canal de datos. Es historia escrita, usa años y no fechas a propósito, y es donde más conviene desconfiar de nosotros.
Si prefiere verlo en vez de leerlo: varios de estos episodios tienen imágenes de la época, y están reunidas en Ver.